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Los Aguaruna pertenecen a la familia etno lingüística Jíbaro, viven a orillas del río Marañon y sus afluentes. También habitan en el Alto Mayo y sus tributarios. Fueron famosos en el pasado como reductores de cabezas en las ceremonias rituales llamadas Tsantsa y son celosos defensores de su libertad a lo largo de su historia.
Ancestralmente, la Cordillera del Cóndor y su área de influencia estuvo habitada por la Gran Nación Shuar, conformada por los Tsumu Shuar que viven en las planicies, Achu Shuar ubicados cerca a los moretales, Murania Shuar habitantes de las montañas y Kanusia Shuar asentados en las riberas de los ríos. Este gran pueblo constituye lo que actualmente conocemos como grupos Shuar, Achuar, Awajun y Wampis, quienes comparten una misma raíz lingüística y cultural. El grupo aguaruna llegó al Alto Mayo hace más de 300 años, asentándose en la parte nor oriental del valle, procedentes de la zona de Cahuapanas y Marañón. A lo largo de varias décadas los aguarunas o Awajún han ido ocupando la parte alta del río Huascayacu, posteriormente del río Mayo. Tras muchos años de mantener contacto con la cultura mestiza su ancestro Jíbaro les ha permitido subsistir culturalmente.
Resistieron a pie firme a invasores de todo tipo: incas, españoles, caucheros y colonos de los tiempos actuales. Recién en las últimas décadas han empezado a aceptar progresivamente, en su territorio ancestral a los APACH, los de afuera. El origen del nombre Jíbaro según el padre José María Guallart, es la denominación de la familia etnolingüística de los Aguarunas, Huambisa, Shuar, Achuar (Jíbaro). Cuando los primeros españoles quisieron invadir su territorio, estos reaccionaron y los atacaron; quedaron sorprendidos por la bravura y la belicosidad de los Aguarunas y preguntaron a otros indios: ¿Quienes son esa gente?. Ellos contestaron: Son enemigos Shuaras. La palabra Shuar fue cambiada por los españoles por la de Jíbaro.
El primer contacto con los españoles fue en 1549 en la fundación de Jaén de Bracomoros y Zamora. En 1559 se revelaron contra los españoles dejando de cumplir con los trabajos forzados y los tributos en oro. La primera misión evangélica se estableció entre los Awajun en 1925, mientras que la primera misión católica se estableció en Chiriaco en 1949. A fines del siglo XIX, Franciscanos y Salesianos comenzaron su trabajo con los Shuar en las provincias de Zamora y Morona Santiago. Las misiones religiosas impartieron educación, pero a su vez promovieron una "redefinición de creencias culturales" (Conservation International, 1997).
Los En el Alto Mayo encontraron un vasto bosque que les permitió cazar, recolectar y seguir haciendo sus chacras a la usanza tradicional, vale decir rotando cada 10 años a más y después cada tres o cuatro años, Esta es una valiosa modalidad de conservación del recurso suelo, por lo que la productividad de la tierra no se deterioraba, conservaron el bosque y respetaron la armonía con el medio ambiente, fuente de vida de todas las culturas y de todo ser.
Tradicionalmente no tuvieron una organización definida, pero, respetaron niveles jerárquicos que fueron más efectivos que una institución actual. Su educación era realmente para la vida. Comenzaba a los cinco años. El padre enseñaba todas las mañanas los fundamentos de la vida: trabajo, respeto, valor, habilidades para la caza, sabiduría de la naturaleza, etc. A fines de la adolescencia, para integrar al joven a la vida adulta se realizaba el rito del ayahuasca, una sustancia alucinógena extraída de una planta del mismo nombre, que al beberla produce visiones. Así podía definir lo que iba a ser en su vida futura, si sería guerrero, cazador, etc. La poligamia era permitida entre ellos. Significaba la capacidad de un hombre para mantener dos o más mujeres; o la confianza de un padre para entregar a dos o tres hijas a un “buen aguaruna” Actualmente subsisten algunas de estas costumbres, pero cada vez en un sector más reducido de la población. Para ellos, el mortal y más feroz enemigo es la pobreza y el abandono del bosque, éste último, sustento de su cultura en proceso de extinción.

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